Dra. Ana Carolina Aguilar: Neurodesarrollo sin etiquetas, Autismo y TDAH

Por
Miriam De la O
Fotografía: Nacho Guerrero
1/10/2026
Edición
368

Un diagnóstico puede dar respuestas, orientar un tratamiento. Lo que no puede hacer es contar por completo quién es un niño. Esa idea atraviesa la práctica de la Dra. Ana Carolina Aguilar, neuróloga pediatra: mirar más allá de la etiqueta, reconocer fortalezas y comprender qué necesita cada paciente para desarrollar autonomía y bienestar.  

Comprender el neurodesarrollo

¿Qué la llevó a elegir la neurología pediátrica?

Me fascinó comprender cómo se desarrolla el cerebro de un niño y, sobre todo, entender que intervenir oportunamente puede cambiar toda una trayectoria de vida. Con los años aprendí que no tratamos únicamente diagnósticos: acompañamos a un niño, a su familia y a todo su entorno. Cada cerebro se desarrolla de manera diferente; por eso intento escuchar primero, observar fortalezas además de dificultades y trabajar junto con la familia.  

¿Cómo explicaría de forma sencilla el autismo y el TDAH?

Ambos son condiciones del neurodesarrollo. En el autismo encontramos diferencias en la comunicación e interacción social, intereses o comportamientos particulares y una forma distinta de procesar estímulos sensoriales. En el TDAH predominan las dificultades para regular la atención, los impulsos y, en algunos niños, la actividad. Son condiciones distintas, pero pueden coexistir.  

Señales que importan

En cuanto a autismo ¿Qué señales pueden motivar una valoración?  

Podemos observar que el niño no responda consistentemente a su nombre, presente diferencias en el lenguaje o la comunicación recíproca, juego repetitivo, intereses muy intensos y respuestas inusuales a sonidos, texturas o luces. Ninguna señal aislada significa necesariamente autismo. Sí es importante valorar pronto cualquier pérdida de habilidades ya adquiridas, porque puede tener distintas causas.  

¿Y cómo distinguir el TDAH de la inquietud propia de la infancia?  

Todos los niños pueden distraerse o actuar impulsivamente. En el TDAH, estas manifestaciones son persistentes y afectan ámbitos como la escuela, el hogar o las relaciones. Además, no todos son hiperactivos: algunos parecen estar "en su mundo", pierden objetos, olvidan instrucciones o les cuesta organizarse y terminar tareas.  

Evaluar antes de etiquetar

¿Cómo se realiza el diagnóstico?  

Comienza con escuchar y conocer al niño. Revisamos su historia clínica y del neurodesarrollo, realizamos exploración neurológica y observamos comunicación, conducta, atención e interacción. También recabamos información de la familia y de maestros o terapeutas. Las escalas ayudan, pero ninguna prueba aislada establece el diagnóstico. EEG, resonancia o pruebas genéticas se solicitan cuando la historia clínica o la exploración los justifican.  

¿Cómo se construye un plan de apoyo?

Primero preguntamos no sólo qué dificultades tiene, sino qué necesita y cuáles son sus fortalezas. Los objetivos deben ser individualizados, funcionales y acordados con la familia. Podemos trabajar comunicación, aprendizaje, regulación emocional, sueño, alimentación o aspectos sensoriales.  

No buscamos cambiar quién es el niño ni eliminar características porque sean diferentes; buscamos disminuir aquello que le genera sufrimiento o limita su participación.

En TDAH, el tratamiento se individualiza. En los más pequeños suelen ser centrales la orientación a padres, las estrategias conductuales y las adecuaciones del entorno; según la edad y el impacto, pueden incorporarse apoyos escolares y tratamiento farmacológico. El objetivo no es que el niño esté "más quieto", sino que pueda aprender, organizarse, relacionarse y regularse sin perder su esencia.

Del juicio al apoyo

¿Qué mitos siguen haciendo daño?

Que el autismo lo causan las vacunas o la crianza, que todos los niños dentro del espectro autista tienen discapacidad intelectual o que si hacen contacto visual no pueden ser autistas. En TDAH escuchamos "es flojo" o "le falta disciplina". Estos mitos transforman una dificultad del neurodesarrollo en un juicio.  

Comprender qué hay detrás de una conducta nos permite pasar del juicio al apoyo.

¿Qué le diría a una familia que acaba de recibir un diagnóstico?

Que no le tenga miedo. El niño sigue siendo el mismo: tiene personalidad, talentos, intereses y sueños. Un diagnóstico bien realizado no debe convertirse en un límite, sino abrir puertas a los apoyos adecuados. Y las familias no tienen que hacerlo todo solas: cuidar a quien cuida también forma parte del tratamiento.  

Cuando sustituimos el "¿por qué hace esto?" por el "¿qué necesita y cómo puedo ayudarlo?", cambia nuestra manera de acompañarlo. Y muchas veces, también cambia su vida.